Hesíodo suele aparecer como un poeta arcaico, como casi “antes” de la filosofía. Pero si uno lo lee sin prejuicios, encuentra algo bastante moderno: es de los primeros griegos que habla desde un “yo” reconocible. Se presenta como alguien que se planta en escena, cuenta su situación, discute con su hermano Perses y deja ver un conflicto concreto. Ese gesto —hablar desde la propia experiencia, no solo repetir una tradición— abre un camino: la verdad sobre la vida humana empieza a pensarse también desde un sujeto situado, no únicamente desde el mito o la hazaña heroica.
En Trabajos y días ese ‘yo’ no se usa para confesarse, sino para entender un problema social: la justicia. Hesíodo describe un mundo donde los jueces pueden dejarse comprar, donde el fuerte se impone, y donde la trampa parece rendir más que el esfuerzo. Frente a eso, insiste con Dikē como algo más que una virtud individual: es la condición para que la comunidad funcione. Si la justicia se rompe, el trabajo pierde sentido, la convivencia se envenena y el futuro se vuelve impredecible. En otras palabras: sin reglas parejas, lo que queda es la ley del más fuerte.
Por eso su tratamiento de la justicia sigue siendo actual. Cambian los nombres —hoy hablamos de instituciones, estado de derecho, corrupción—, pero el espíritu es el mismo: cuando el arbitraje está torcido, la gente deja de confiar, aparece el cinismo, y el esfuerzo parece para tontos. Hesíodo lo deja especialmente bien plasmado en el siguiente pasaje:
Y ahora contaré una fábula a los reyes, aunque sean sabios. Así habló un halcón a un ruiseñor de variopinto cuello mientras le llevaba muy alto, entre las nubes, atrapado con sus garras. Éste gemía lastimosamente, ensartado entre las corvas uñas y aquél en tono de superioridad le dirigió estas palabras. ¡Infeliz! ¿Por qué chillas? Ahora te tiene en su poder uno más poderoso. Irás donde yo te lleve por muy cantor que seas y me servirás de comida si quiero o te dejaré libre ¡Loco es el que quiere ponerse a la altura de los más fuertes! Se ve privado de la victoria y además de sufrir vejaciones, es maltratado. Así dijo el halcón de rápido vuelo, ave de amplias alas
La justicia no es un lujo moral, es la base práctica que hace posible una vida común donde el trabajo y la convivencia valgan la pena.